Los restos inmortales de Pink Floyd

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Una gran muestra en el Victoria & Albert de Londres recuerda al grupo británico en su cincuentenario.
Los cerdos vuelan. Los muros caen. Las ausencias queman. Los prismas descomponen la luz en los colores del arco iris... Y Pink Floyd seguirá sonando por los siglos de los siglos, como lo demuestran los más de 45 millones de discos vendidos de "La cara oculta de la luna", el viaje delirante de ida e vuelta a la locura: "Todo lo que amas/ Todo lo que odias/ Todo en lo que desconfías...". Todo lo que rodea a Pink Floyd ha tenido siempre un halo de misterio, y mejor que siga siendo así. Sabemos que Roger Waters, David Gilmour y Nick Mason, los tres supervivientes de la banda, han estado por aquí de incógnito. Los tres vaciaron sus armarios y confiaron ciegamente en Aubrey Po Powell, el director creativo de Hipgnosis, para disponer sus Restos Mortales en esta alucinante exposición en el Victoria & Albert de Londres que te pone alternativamente en trance o en órbita. "Pink Floyd ha sido siempre como un enigma invisible, envuelto de un sonido que uno reconoce instantáneamente y que te transporta a un lugar en el que no has estado antes", recalca Po Powell, hablando por boca de los ausentes. "Quienes les escucharon por primera vez en el UFO de Londres, en 1967, aún recuerdan la experiencia. Quienes crecieron con ellos y les vieron rozar el cielo en los setenta, seguramente no han vuelto a vibrar con algo tan único y tan infeccioso".Po Powell estuvo allí desde los inicios, ayudando con las luces y diseñando las portadas, temiendo el fiasco prematuro de Pink Floyd mientras compartía piso con el "caprichoso" Syd Barrett, la única estrella de rock que realmente tuvo la banda, aniquilado por la psicosis y por el LSD. Powell recuerda el vacío cósmico que dejó el "alejamiento" de Barrett, y la metamorfosis sufrida con la llegada del guitarrista y vocalista David Gilmour, que acabó haciendo tándem con Roger Waters y catapultando el grupo a otra dimensión.Pink Floyd: los restos mortales rinde un homenaje muy especial a Barrett, a todo lo que supuso dentro y fuera de la banda. The Dark side of the Moon es, al fin y al cabo, una inmersión en las tinieblas de la alienación, y Wish you were here es el lamento por el amigo en llamas: "Ahora hay una mirada en tus ojos/ como agujeros negros en el cielo/ Sigue brillando, diamante loco"... A Barrett, diamante loco, se atribuye la idea de bautizar a la banda con los nombres de dos reputados músicos de blues: Pink Anderson y Floyd Council. Su espíritu es más que reconocible en el arranque de le exposición del V&A, en la que se entra por el interior de una furgoneta que tiene algo de madriguera sicodélica. Las peripecias en Cambridge de Syd, Nick, Roger y Richard (Wright) nos ayudan a entender el alumbramiento de la banda, y la campanada con The Piper at the Gates of Dawn que les catapulta hasta el número 6 al primer intento. La inmersión musical que acompaña al recorrido por la vida y milagros de Pink Floyd hace una repaso muy fugaz a todo lo que ocurrió entre 1968 (A Saucerful of secrets) y 1972 (Obscured by the clouds). "Fueron años de experimentación, a la busca del álbum conceptual y explorando la dimensión escénica y lumínica de la música, lo que Roger Waters bautizó como "el teatro eléctrico"", recuerda Po Powell. Waters y Gilmour se hacen finalmente visibles cuando el calendario marca 1973 y se ilumina el prisma de La cara oculta de la luna. El tono frío y cerebral que emplea el singular dúo se vuelve emoción en carne viva cuando recuerdan la grabación del álbum que estuvo a punto de llamarse Eclipse... "Cuando intercalamos las voces entre las canciones y escuchamos resultado final, todos tuvimos la extraña sensación de estar ante algo realmente fantástico". El momento "eureka" se repitió con Wish you were here, interpretado a la guitarra acústica y por separado por Waters y Gilmour, recordando el prodigioso encuentro creativo a lo Lennon y McCartney... "Todo empezó con un riff muy simple, como si fuera un tema de country, y la canción fue creciendo en emociones y gracias a la letra, sin perder su simpleza original". Y así llegamos al cerdo volador, entre las chimeneas humeantes de la central eléctrica de Battersea, reconstruida a escala para la ocasión. La portada de Animals era todo un alegato político contra la cruda realidad urbana y política en el Reino Unido, con referencias orwellianas y anti-conservadoras. La banda toma un giro político y amplifica aún más su dimensión teatral con la incorporación de los "inflables" que crearon definitivamente escuela con el tour de The Wall (ahí tenemos también al maldito profesor gigante). Las últimas paradas de Pink Floyd: los restos mortales, hasta llegar a The Division Bell (1994), se hacen tal vez un poco cansinas. A Roger Waters no le faltaba razón cuando llegó a decir que la banda debió haberse desintegrado cuando él se fue, en 1985, o incluso antes, con la letanía opresiva de El Muro. Hubo después un epílogo instrumental, The Endless River (2014), en memoria del teclista Rick Wright (fallecido en el 2008). Pero todos los caminos conducen al final hasta Hyde Park, al concierto Live8 grabado con tecnología Sennheiser de sonido inmersivo. Fue en el 2005, en el celebrado rencuentro de la banda en estado puro. Solo por ver y escuchar los siete minutos largos de Comfortably numb, en las pantallas gigantes que cierran la exposición del Victoria & Albert, merece la pena el billete a Londres. Como Bowie hace unos años, y en el mismo escenario, Pink Floyd ha alcanzado la inmortalidad en vida.





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